Hay días en los que, a pesar de que por mi
responsabilidad en las labores que desempeño es necesario hacerlo en tiempo
real, decido no entrarle con mucho detalle a las noticias ni las a redes
sociales. Especialmente aquellos en los que los “especialistas” comienzan a
intentar “analizar el alcance” de tal o cual medida del régimen, de esta
sentencia del “TSJ”, o de aquel pronunciamiento de algún ministro, o cualquier
otro de los miembros de la comparsa del usurpador.
No sé si a ustedes les pasa, pero yo trato de ir
llevando la secuencia cronológica y la lógica de las acciones y posiciones que
hemos ido tomando como oposición, desde “el inicio de los tiempos”, un poco
para ir midiendo el avance –si lo hubiera- o para pensar en mecanismos de
ajuste y corrección cuando considere que nos hemos desviado o estancado. Pero
no nos lo ponen fácil. Aquí les comparto algunos ejemplos:
Primero, desde la Asamblea Nacional, se anunció a
gritos que lo íbamos a sacar en 6 meses (ENE2016). Más tarde, esa misma
Asamblea Nacional lo declara en abandono del cargo, pero no da los siguientes pasos,
para que el cargo de Presidente de la República lo ocupe otra persona,
siguiendo la constitución (ENE2017).
Esa mismita Asamblea Nacional, un tiempo después,
utilizando los correctos mecanismos institucionales y constitucionales, designa
un nuevo TSJ, declarando que el anterior dejó sus cargos vacantes (JUL2017).
Pero luego obvia completamente a ese TSJ para proceder en el fortalecimiento de
los instrumentos legales que soporten la escasa institucionalidad que tenemos.
Pocos días antes, en conjunto como sociedad, llevamos
a cabo un plebiscito maravilloso que produjo un mandato, una vía constitucional
para salir de la crisis con el respaldo de casi 8 millones de venezolanos,
dentro y fuera del país. La Asamblea Nacional recibe el resultado y le da carácter
institucional, pero luego, no prosigue con los pasos siguientes para implementar
dicho mandato (JUL2017).
En enero de este año, desde la Asamblea Nacional
(de nuevo) lo declaramos usurpador, y con él, todos sus actos, sus
nombramientos, sus dictámenes, sus normas, TODO!! está en dicha condición de
usurpación. Ah!, pero se sigue pidiendo que “pague lo correspondiente a…”, que
“lleve el gas a la comunidad tal”, “que revise la convención colectiva del
sindicato cual”, y un infinito listado de etcéteras similares. ¿Es usurpador,
pero quiero que “gobierne”? No entiendo. Parecemos esquizofrénicos.
Más recientemente, de cara a la grave crisis
institucional que se avecina inminente en las universidades públicas, hay una epidemia
de “consultitis” en curso, asumiéndola como la panacea para resolver el dramático
problema universitario, y yo me pregunto: ¿estaremos preparados para asumir como
es menester la defensa de esos resultados?
En la USB sabemos lo que significa haber hecho una
consulta formal, con toda la rigurosidad institucional del caso, y haber
escogido un vicerrector académico que contó –y todavía hoy cuenta- con el
respaldo de la comunidad universitaria, y que además tiene la trayectoria,
arraigo, experiencia y compromiso que lo hace idóneo. Pero por una rendija, desde
el régimen nos impusieron a otra persona, completamente ajena a la institución.
De eso ya hace dos años. Y ahora de nuevo estamos hablando de otra consulta
interna, para escoger las autoridades universitarias, “bajo los parámetros de
los reglamentos de la universidad”. Como si eso fuera alguna garantía. ¿En
serio?
Yo comenzaría por meditar acerca de si la
renombrada medida cautelar 0324 que originó esta vorágine de los últimos meses es
siquiera aceptable, dado que emana de una institución que, de acuerdo a los
actos ejercidos por la vigente Asamblea Nacional, hace poco más de dos años que
no existe. Por lo tanto, ¿a cuenta de qué voy a asumir los dictámenes de ese
“TSJ”?
En lo personal pienso que la raíz de la
contradicción planteada es que no se está partiendo del diagnóstico correcto.
Se intenta curar un cáncer terminal con una infusión de jengibre. Si no está
claro el diagnóstico, no importan las decenas de interpretaciones legales, ni
académicas que se haga, la estrategia que se diseñe en consecuencia tendrá un
altísimo porcentaje de fracaso.
El sistema criminal que usurpa el poder, que es el
mismo que ahora se quiere apropiar de las universidades públicas, no tiene que
ver con leyes, ni con normativas internas universitarias, ni le preocupa en lo
absoluto la forma. Ya se ha quitado las caretas, por lo que el costo político
ya lo pagó.
Por eso, a mi modo de ver, la estrategia que
asumamos los universitarios tendría que tener tres componentes esenciales: en
primer lugar, claridad en lo que enfrentamos, para entender el tamaño de la
responsabilidad de asumir verdaderamente la defensa de la universidad. Este es
un sistema criminal, como ya mencioné, cuyo sistema de valores no tiene nada
que ver con el nuestro, y esa variable tiene que estar en la ecuación.
En segundo lugar, la estrategia no debe contener
ninguna acción que de una u otra manera legitime alguna de las instituciones y
figuras de la usurpación, es así que, por ejemplo, considerar las
interpretaciones del “TSJ” ilegítimo (como si les importara la forma), o
solicitudes al ministerio del usurpador, o combinaciones parecidas, no tendrían
que estar en la ecuación, como no sea para descartar vías de trabajo.
Por último, la estrategia que abordemos en defensa
de la universidad venezolana tiene necesariamente que incluir una acción
internacional que llame la atención ante instancias equivalentes, en torno a la
urgencia y la gravedad de lo que estamos viviendo, en consonancia por supuesto
con la gravedad de la crisis del país, cuya raíz está en la usurpación, por lo
cual su solución solamente comenzará cuando ella cese.
El régimen va a hacer lo que quiera hacer. Porque
mientras siga usurpando el poder, no se detendrá, seguirá intentando copar
todos los espacios que le faltan, y si ha de hacerlo a la fuerza, lo hará. De
nosotros está diseñar una estrategia real que le eleve notablemente ese costo,
que el mundo la conozca y la comparta, para que sumemos un argumento más a la
necesidad urgente e inminente de una coalición internacional que nos acompañe a
desalojar al sistema criminal y a reconstituir la institucionalidad para
transitar hacia la verdadera libertad.
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