jueves, 6 de febrero de 2020

La oportunidad de la ciudadanía


La Venezuela de hoy está llena de personas tratando de sobrevivir y sobrellevar su vida frente a este sistema que agobia, somete, persigue y que pretende encerrarnos en nosotros mismos, para hacernos creer que estamos solos y el resto está en contra de nosotros. Sabemos que eso está hecho así por diseño, pues para construir una sociedad sólida, sana y próspera, es necesario el ejercicio de la ciudadanía, comprendiendo la existencia con relación al otro, lo cual es totalmente contrario a lo que busca el régimen imperante.
Consecuencia de lo anterior, el venezolano hoy a diferencia de otras épocas, no busca en el hecho político soluciones a su crisis particular, porque ya han sido muchas las veces en las que han puesto toda su esperanza en falsas ofertas de solución que luego no han sido cumplidas, causándole, además de la frustración y la desesperanza, pérdidas dolorosas en términos familiares, debido a la diáspora, a enfermedades no tratadas a tiempo, pérdidas de su propiedad, entre otras muchas causas que conocemos.
Cuando la barbarie ya no causa escozor, los desastres no asustan, y la corrupción en lo político es vista como una profesión en la que quieren estar muchos, hemos perdido los referentes éticos. Además, cuando perdemos la capacidad de aterrarnos, cuando las desgracias son hechos normales y cotidianos, estamos en el borde de un colapso social. Es por ello que la tarea de fortalecer la ciudadanía, y arraigar en torno a principios y valores, se constituye en la principal actividad que a nuestro juicio es menester realizar hoy, cada minuto y en cada lugar donde estemos, pero muy especialmente desde lo político. Sin un ciudadano fuerte, será prácticamente imposible transformar de raíz a nuestro país.
La condición ciudadana que necesitamos para que la libertad tan anhelada sea sostenible y se mantenga en el tiempo, conlleva mucho más que “el espacio en el que se habita y las leyes que lo definen”. El ciudadano que buscamos es un ciudadano con profunda conciencia de su dignidad humana, del valor de la libertad sin condiciones, y al mismo tiempo de la gran responsabilidad que conlleva ejercerla.
Es por eso que ser ciudadano en la Venezuela de hoy, como diría el profesor Alexander Campos, es una actividad de alto riesgo, en tanto implica creatividad, espíritu crítico, y valor para ejercer la libertad; implica tomar decisiones en algunos casos poco “populares”, y la responsabilidad al asumir los costos de dichas decisiones. Libertad y ciudadanía están íntimamente ligadas, porque el ejercicio de la ciudadanía es de alguna manera, el ejercicio de la libertad. El súbdito, en tanto sometido por el poder, carece de estos valores, pero el ciudadano, en tanto portador de las cualidades previamente citadas, tiene que ser libre, y ejercer activamente esa libertad.
Necesitamos un ciudadano con proyectos de vida, proyectos políticos propios, que sea proactivo y que debata, buscando en el espectro social y político aquel que más se aproxima a lo que él quiere desarrollar. En esa medida, aportará para la configuración de la sociedad sólida, libre y próspera que anhelamos, y la ciudad en la cual lleve adelante esos proyectos. No al revés. No estamos buscando colorear al ciudadano por fuera, eso es una falta de respeto y una subestimación brutal a la capacidad del venezolano.
Por todo ello, consideramos que el ejercicio de la ciudadanía en Venezuela debe concebirse como fundacional. Si diseñamos las ciudades y los espacios públicos ajenos a la realidad actual y a cómo es necesario transformarla, estaremos fomentando espacios para habitantes, no lograremos concretar el cambio imprescindible de sistema, y más temprano que tarde nos encontraremos de nuevo en una crisis equivalente a la actual. Por eso el trabajo debe ser al revés, fortalecer primero la ciudadanía para que desde allí se generen las interacciones, el re diseño institucional, y luego las ciudades en las que se ejercerá esa ciudadanía y esa libertad. Todo ciudadano es habitante, mas no todo habitante es ciudadano.
La buena noticia es que en todos los rincones del país hay venezolanos que, cuando con mucha humildad y respeto, se le incentiva a expresar sus inquietudes a partir de sus angustias o de su conocimiento y experiencia, ocurre una suerte de iluminación y despertar, que nos permite escudriñar, y revivir ese germen ciudadano que, afortunadamente sigue allí resistiendo. Otra buena noticia, aunque paradójica y difícil de asumir, es que este nivel de desastre y destrucción actual permite comenzar de cero y se constituye entonces en la gran oportunidad de la ciudadanía.
Los políticos tenemos que procurar en nuestros conciudadanos, como condición imprescindible de inicio, espacios de confianza mutua, para allí trabajar en conjunto en dos ejes principales: la búsqueda del arraigo en los valores como mecanismo para afianzar la fortaleza espiritual imprescindible por una parte; y por la otra, la profundización de la articulación entre las capacidades de las organizaciones sociales y los espacios políticos, como mecanismo generador de alianzas verdaderamente sostenibles que comiencen el trabajo de cohesión requerido para una sociedad vigorosa, que tendrá una dura tarea en el acompañamiento al rediseño institucional que sostenga la República.
Para ello, en Vente Venezuela estamos trabajando intensamente en facilitar esos espacios de confianza y encuentro con los ciudadanos, donde contribuyamos e incentivemos la búsqueda propia de la razón de ser de la libertad, donde fomentemos el reencuentro con el significado de tener aspiraciones, de la importancia del conocimiento y el mérito como motores para mejorar en la sociedad, y así acompañarlos en la búsqueda de su proyecto personal y de vida, e invitarlos a participar en su construcción.
Este es nuestro enfoque principal de actuación, porque estamos muy claros en la capacidad del venezolano a trabajar para desarrollarse y progresar, y en esa medida, construir ciudadanía y ciudad. Nuestra apuesta es transformar a Venezuela a partir de un sistema político basado en la libertad, y centrado en el autodesarrollo del ciudadano; que genere las oportunidades para que estos avancen, y junto a ellos, articular cada espacio de la vida del país, de la mano de su aporte, sea este a través de una organización o de su experticia, o simplemente, y muy importante, desde el ejercicio consciente, activo y profundo de su ciudadanía.

Esquizofrenia


Hay días en los que, a pesar de que por mi responsabilidad en las labores que desempeño es necesario hacerlo en tiempo real, decido no entrarle con mucho detalle a las noticias ni las a redes sociales. Especialmente aquellos en los que los “especialistas” comienzan a intentar “analizar el alcance” de tal o cual medida del régimen, de esta sentencia del “TSJ”, o de aquel pronunciamiento de algún ministro, o cualquier otro de los miembros de la comparsa del usurpador.
No sé si a ustedes les pasa, pero yo trato de ir llevando la secuencia cronológica y la lógica de las acciones y posiciones que hemos ido tomando como oposición, desde “el inicio de los tiempos”, un poco para ir midiendo el avance –si lo hubiera- o para pensar en mecanismos de ajuste y corrección cuando considere que nos hemos desviado o estancado. Pero no nos lo ponen fácil. Aquí les comparto algunos ejemplos:
Primero, desde la Asamblea Nacional, se anunció a gritos que lo íbamos a sacar en 6 meses (ENE2016). Más tarde, esa misma Asamblea Nacional lo declara en abandono del cargo, pero no da los siguientes pasos, para que el cargo de Presidente de la República lo ocupe otra persona, siguiendo la constitución (ENE2017).
Esa mismita Asamblea Nacional, un tiempo después, utilizando los correctos mecanismos institucionales y constitucionales, designa un nuevo TSJ, declarando que el anterior dejó sus cargos vacantes (JUL2017). Pero luego obvia completamente a ese TSJ para proceder en el fortalecimiento de los instrumentos legales que soporten la escasa institucionalidad que tenemos.
Pocos días antes, en conjunto como sociedad, llevamos a cabo un plebiscito maravilloso que produjo un mandato, una vía constitucional para salir de la crisis con el respaldo de casi 8 millones de venezolanos, dentro y fuera del país. La Asamblea Nacional recibe el resultado y le da carácter institucional, pero luego, no prosigue con los pasos siguientes para implementar dicho mandato (JUL2017).
En enero de este año, desde la Asamblea Nacional (de nuevo) lo declaramos usurpador, y con él, todos sus actos, sus nombramientos, sus dictámenes, sus normas, TODO!! está en dicha condición de usurpación. Ah!, pero se sigue pidiendo que “pague lo correspondiente a…”, que “lleve el gas a la comunidad tal”, “que revise la convención colectiva del sindicato cual”, y un infinito listado de etcéteras similares. ¿Es usurpador, pero quiero que “gobierne”? No entiendo. Parecemos esquizofrénicos.
Más recientemente, de cara a la grave crisis institucional que se avecina inminente en las universidades públicas, hay una epidemia de “consultitis” en curso, asumiéndola como la panacea para resolver el dramático problema universitario, y yo me pregunto: ¿estaremos preparados para asumir como es menester la defensa de esos resultados?
En la USB sabemos lo que significa haber hecho una consulta formal, con toda la rigurosidad institucional del caso, y haber escogido un vicerrector académico que contó –y todavía hoy cuenta- con el respaldo de la comunidad universitaria, y que además tiene la trayectoria, arraigo, experiencia y compromiso que lo hace idóneo. Pero por una rendija, desde el régimen nos impusieron a otra persona, completamente ajena a la institución. De eso ya hace dos años. Y ahora de nuevo estamos hablando de otra consulta interna, para escoger las autoridades universitarias, “bajo los parámetros de los reglamentos de la universidad”. Como si eso fuera alguna garantía. ¿En serio?
Yo comenzaría por meditar acerca de si la renombrada medida cautelar 0324 que originó esta vorágine de los últimos meses es siquiera aceptable, dado que emana de una institución que, de acuerdo a los actos ejercidos por la vigente Asamblea Nacional, hace poco más de dos años que no existe. Por lo tanto, ¿a cuenta de qué voy a asumir los dictámenes de ese “TSJ”?
En lo personal pienso que la raíz de la contradicción planteada es que no se está partiendo del diagnóstico correcto. Se intenta curar un cáncer terminal con una infusión de jengibre. Si no está claro el diagnóstico, no importan las decenas de interpretaciones legales, ni académicas que se haga, la estrategia que se diseñe en consecuencia tendrá un altísimo porcentaje de fracaso.
El sistema criminal que usurpa el poder, que es el mismo que ahora se quiere apropiar de las universidades públicas, no tiene que ver con leyes, ni con normativas internas universitarias, ni le preocupa en lo absoluto la forma. Ya se ha quitado las caretas, por lo que el costo político ya lo pagó.
Por eso, a mi modo de ver, la estrategia que asumamos los universitarios tendría que tener tres componentes esenciales: en primer lugar, claridad en lo que enfrentamos, para entender el tamaño de la responsabilidad de asumir verdaderamente la defensa de la universidad. Este es un sistema criminal, como ya mencioné, cuyo sistema de valores no tiene nada que ver con el nuestro, y esa variable tiene que estar en la ecuación.
En segundo lugar, la estrategia no debe contener ninguna acción que de una u otra manera legitime alguna de las instituciones y figuras de la usurpación, es así que, por ejemplo, considerar las interpretaciones del “TSJ” ilegítimo (como si les importara la forma), o solicitudes al ministerio del usurpador, o combinaciones parecidas, no tendrían que estar en la ecuación, como no sea para descartar vías de trabajo.
Por último, la estrategia que abordemos en defensa de la universidad venezolana tiene necesariamente que incluir una acción internacional que llame la atención ante instancias equivalentes, en torno a la urgencia y la gravedad de lo que estamos viviendo, en consonancia por supuesto con la gravedad de la crisis del país, cuya raíz está en la usurpación, por lo cual su solución solamente comenzará cuando ella cese.
El régimen va a hacer lo que quiera hacer. Porque mientras siga usurpando el poder, no se detendrá, seguirá intentando copar todos los espacios que le faltan, y si ha de hacerlo a la fuerza, lo hará. De nosotros está diseñar una estrategia real que le eleve notablemente ese costo, que el mundo la conozca y la comparta, para que sumemos un argumento más a la necesidad urgente e inminente de una coalición internacional que nos acompañe a desalojar al sistema criminal y a reconstituir la institucionalidad para transitar hacia la verdadera libertad.

Salvar el fuego. Mi descubrimiento de marzo

Aprovecharé hoy 23 de abril, Día Internacional del Libro, para comentarles uno que hace poco terminé: Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga ...