viernes, 12 de julio de 2019

El poder del ciudadano


Hemos escuchado comúnmente hablar del “poder que tiene el ciudadano”. Sin embargo, cuando escudriñamos un poco más ese lugar común, nos encontramos que dicho poder se asume restringido a la visión del ciudadano como parte del grupo, masa, bulto o a la posibilidad de ejercer un voto cuando se le requiere.
Desde nuestro punto de vista, el poder del ciudadano y del ejercicio de su ciudadanía es mucho más amplio y más interesante y tiene múltiples dimensiones, cuyo conocimiento detallado nos muestra un espectro muy rico, cuya articulación y entramado dinámico es esencial para una sociedad civil sana, sólida, madura y moderna.
Una sociedad civil con ese perfil indudablemente empujará para sustituir el círculo vicioso de dependencia, nivelación hacia abajo y desprecio por el conocimiento en el que hoy estamos sumidos en Venezuela, por un círculo virtuoso en el cual tengan incidencia la experiencia de las organizaciones en sus diferentes ámbitos de acción, la conexión de dichos aportes en cada nivel que corresponda y la interacción inteligente y respetuosa de estas organizaciones ciudadanas con las diferentes instituciones que forman parte de una República. Entre esas instituciones están, por supuesto, los partidos políticos.
Hoy en nuestro país, la lucha de los ciudadanos está enfocada en garantizar nuestros derechos esenciales, los más básicos, que en los últimos años han sido disminuidos a niveles reñidos con la dignidad humana. Eso nos deja muy poco margen para dedicarnos al conocimiento, a la búsqueda del mejoramiento profesional y personal, al sueño de realización que tengamos como individuos. Estamos concentrados esencialmente en la sobrevivencia.
Sin embargo, casi con la misma frecuencia, encontramos ciudadanos que no se han dejado abatir por la dura realidad de su entorno y, acompañando su esfuerzo por subsistir, trabajan organizados para mantener la generación de información, experiencias, herramientas, ideas y conocimiento, que garantizan que no quedemos aislados y en la penumbra como sociedad. Encontramos estos ejemplos en las universidades, comunidades, gremios, en fin, en la mayoría de los lugares y sectores del país.
¿Cuál es el elemento que genera esa motivación? ¿Por qué estos ciudadanos deciden organizarse y construir en medio de un entorno que incentiva a lo contrario? Entender la respuesta a estas preguntas nos da la clave para llegar al origen del poder del ciudadano.
Aún en las circunstancias más adversas y en un entorno abiertamente hostil, encontramos que el espíritu libertario del ciudadano buscará incentivar su organización con otros ciudadanos que coinciden en esa motivación, en la búsqueda de alcanzar su aspiración; ya sea esta de índole académica, productiva, social y hasta filantrópica. Esta articulación los empuja a ejercer su ciudadanía como individuos que se constituyen en organización, con capacidad de cuestionar, de emitir opiniones y posiciones propias; de exigir respuestas más allá de lugares comunes, donde se respete su inteligencia, su dignidad y no como elementos sin identidad ni posición, que son parte de una masa utilitaria para cumplir la intención de un tercero.
Nuestra tarea es propiciar las condiciones para que ese espíritu libertario del ciudadano se mantenga vivo, se fortalezca y crezca. En esa medida, el ejercicio del poder del ciudadano se expresará en su articulación para construir una sociedad civil robusta, que se desarrolle como un organismo vivo, en simbiosis con las organizaciones ciudadanas y que vaya progresando a medida que sus méritos lo generen. En la medida en que los liderazgos políticos comprendan que esta es la verdadera esencia de la ciudadanía, comenzarán a generarse los cambios imprescindibles para una sociedad próspera, moderna y conectada con el mundo.

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