lunes, 22 de abril de 2024

Salvar el fuego. Mi descubrimiento de marzo

Aprovecharé hoy 23 de abril, Día Internacional del Libro, para comentarles uno que hace poco terminé: Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga (@guillermo_arriaga_jordan).

Tengo que confesar que nunca se me habría ocurrido leerlo, pero gracias al Club de Lectura que promueven @nandanieves y @queleepod lo hice y no me arrepiento. Todo lo contrario!! Esta novela fue Premio Alfaguara en 2020, y el autor tiene en su haber obras como Amores Perros, 21 gramos y Babel (sí, las películas).

No pretendo que ésta sea una reseña exhaustiva ni de erudita. Imagínense!! Pero necesito hacerla, porque el libro resultó ser un tremendo descubrimiento para mí, me sacó de los paradigmas de lectura que regularmente he tenido.

Desde mi perspectiva de lectora común y silvestre, Salvar el fuego es una novela de amor. Pero no de cualquier amor, lo que la hace más interesante y estremecedora. Es un amor tormentoso, apasionado, rompedor y a contracorriente. Transcurre en el México contemporáneo, entre una bailarina de danza moderna y un asesino condenado a prisión, entre el arte y el narcotráfico, entre la belleza de la literatura salvadora y las mafias. 

Lo primero que me enganchó fue la lucha interna de su protagonista Marina, en torno a si el arte debe ser apasionado y transmitir emociones y significado al público o mantenerse objetivo, frío y externo, para que sea el espectador quien lo llene de contenido. Esa reflexión se mueve entre las coreografías de Marina, las películas que produce uno de sus amigos y la literatura desarrollada por los reos en la cárcel.


Una buena parte de la obra se desarrolla en el Centro Penitenciario. La dinámica perversa de estar privado de libertad y también sometido a diferentes tipos de mafias reinantes: las de más autoridades del penal, los jefes de los carteles y las jerarquías internas que surgen para sobrevivirlos a ambos. Hay un pasaje relativo a estar preso que me impactó especialmente y que lo expresa JC, el otro protagonista de la novela: “Eso de expulsarlo a uno de la vida es lo más cruel del mundo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y eso del exilio tras los barrotes es una de las cosas más cosificantes que hay y que terminan por hacerlo a uno algo menos que una cosa”... Y sigue: “Si en Nueva Inglaterra a las mujeres adúlteras les tatuaban una A en la frente, a los presos les tatúan el alma para que nunca olviden su condición de reos perpetuos. La cárcel no se la saca uno de uno ni tallándola con agua y jabón. No sale ni aunque te declaren inocente”


Uno de los elementos más interesantes a mi juicio es la estructura de la novela. Desde mi perspectiva, tiene al menos 3 hilos de tiempo simultáneos que arrancan separados, pero que se van acercando paulatinamemte a lo largo de la obra hasta encontrarse y fundirse magistralmente al final: el pasado de JC narrado por su hermano, el pasado suyo y de Marina narrado por ellos mismos, y el presente de ambos. Y como sazón, presenta al inicio de cada capítulo los escritos que los reos desarrollaban en los talleres de literatura que se realizaban en la cárcel. Es de una riqueza de recursos y contenido impresionante y avasalladora, que en ocasiones me sacudió y me dejaba sin respiración.


Caso aparte es la naturaleza y razón de ser de la historia de amor, por el debate de vida que plantea. Marina lo describe así: “Sin embargo, por primera vez sentí que mi vida estaba en mis manos. Jodida, pero en mis manos. No es que antes hubiese sido una mujer manipulada por otros. Habían sido mis decisiones”. Y más adelante: “Con José Cuauhtémoc aprecié el presente. Lleno de agitación y sobresaltos, al menos vital, furioso. Mi educación desde niña estuvo enfocada al futuro, siempre al futuro. La energía derrochada en persecución de un intangible. Porque el fin y al cabo, creer en el futuro es un acto de fe, una apuesta”. Es decir, la disyuntiva entre mantenerse en un esquema de vida seguro y determinado, aunque en el caso de Marina representaba la ausencia de pasión que incidía en su desempeño como bailarina y coreógrafa o lanzarse al vacío apostando a un torbellino incierto pero que la hizo sacudirse desde lo más profundo y transformarse en el tipo de artista y de mujer que ella admiraba.


Al final la novela te pone frente a varios desafíos que no nos son desconocidos, pero que a veces la cotidianidad diluye: la zona de confort versus la incertidumbre que se genera al moverte a nuevos espacios, el reto de conocerte a ti mismo aunque sea aterrador, la línea muchas veces difusa entre lo que está bien y lo que no, y los matices intermedios, en fin, les recomiendo leerla y hacerse su propia opinión.


A mi me sacudió, sé que en una buena parte fue por las circunstancias en medio de las cuales la leí, pero de igual manera fue un tremendo descubrimiento. Quizá la vuelva a leer en otro momento, a ver si me transmite lo mismo, o encuentro en sus líneas otras emociones.


No quería terminar sin comentar que, en la dinámica del Club de Lectura tuvimos el privilegio de conocer y conversar con el autor. Me encantó su carácter y su expresión llana para despejar las dudas que le planteamos y darnos orientación, y quedé muy motivada a conocer más de su obra, además de la tremenda novela que trabajamos en marzo. Gracias a @nandanieves por la motivación y por invitarme a participar.


Termino con una frase de José Cuauhtémoc en los talleres de literatura en la cárcel y que resume para mi lo que fue la transformación de Marina y del propio JC a partir de su relación: "La llama de un fósforo dura solo unos segundos, pero es capaz de incendiar un bosque".


jueves, 21 de enero de 2021

La universidad debe ser una fuente de riqueza y prosperidad en la Venezuela libre

 En “Venezuela, tierra de gracia”, la universidad debe ser autónoma

La Coordinadora Nacional de Asociaciones Ciudadanas del partido de la libertad enfatiza que las transformaciones de fondo de la sociedad venezolana solo serán posibles en libertad, no en el actual sistema

(Caracas. 19/08/2020) Catalina Ramos, coordinadora nacional de Asociaciones Ciudadanas de Vente Venezuela, señaló el pasado fin de semana que la universidad debe ser una fuente de riqueza y prosperidad en la Venezuela libre. Llamó, en ese sentido, a los profesores, estudiantes, académicos y egresados universitarios del país a sumarse a la elaboración de la visión y el proyecto de universidad que desde ya adelanta su organización política.

Durante un forochat organizado por estudiantes de la Universidad de Carabobo, Ramos detalló que “tenemos claro que el país que queremos es de libertades; donde el Estado de derecho sea el eje de conducción de la sociedad y donde el ciudadano sea el centro del desarrollo, teniendo para ello al Estado a su servicio. Un país que se deslastre de los males socialistas que nos trajeron hasta aquí. En esa medida, esa visión de país conlleva a nuestra visión particular de universidad”.

Emplazó a los universitarios a sumar a más sectores de la sociedad a su lucha contra los ataques perpetrados por el Estado criminal, como la violación de la autonomía, el ahogo económico, la creación de misiones y de nuevas universidades con cuestionables estándares de calidad, entre otros. “Lo que hagamos hoy frente a esta crisis definirá, no solamente la universidad que tendremos, sino el modelo de sociedad y el país que queremos tener”, añadió.

 

Modelo de universidad libre

La Coordinadora Nacional de Asociaciones Ciudadanas del partido de la libertad explicó que, bajo el plan “Venezuela, tierra de gracia”, la universidad está concebida para propiciar una cultura a favor de la libertad en todos los ámbitos: ético, político, económico, jurídico. “Igualmente, [las universidades] tendrían que ser espacios donde se difundan y cultiven los valores del Estado de derecho, la república y lo imprescindible de la transparencia en la gestión pública”, expuso.

Detalló que el modelo de universidad libre debe permitir que esta se deslastre del estatismo, el populismo y el clientelismo para dar apertura a espacios “para la libertad, la creatividad, la innovación, la generación de conocimiento y, en conjunto con la sociedad, la generación de prosperidad”.

Y añadió: “Las universidades tendrían que ser espacio para los debates a partir de concepciones amplias del ser humano y la sociedad y cómo desde la academia se puede contribuir a que la sociedad esté mejor. Nuestras universidades tendrían que ser espacios en los que los ejes conductores sean la excelencia, el mérito y el avance de los mejores, para incentivar y fortalecer esa cultura en la sociedad”.

En ese sentido, resaltó que la universidad de la “Venezuela, tierra de gracia” debe ser autónoma administrativa, académica, económica y financieramente. Una autonomía –detalló- que permita la relación y el crecimiento de la universidad con otros sectores del país y que le permita el diseño de sus programas de estudio, sus métodos de enseñanza y sus líneas de desarrollo “como lo decida su comunidad universitaria”.

“Si la universidad se relaciona orgánicamente con el sector privado, puede obtener ingresos importantes, a través de proyectos de investigación, asesorías, resolución de problemas concretos a la industria y al sector productivo. Podríamos plantear modelos en los que la universidad obtenga recursos por alianzas, convenios, servicios y contratos con empresas. Si pensamos en un país federal, las universidades podrían contribuir con el desarrollo de sus estados”, señaló.

Por último, mencionó que los egresados universitarios tienen también un rol importante en el modelo de universidad del país libre, mediante la participación en programas de apoyo directo a los mejores estudiantes, de aportes a proyectos para espacios puntuales, de conexión de planes universitarios con empresas y de clases virtuales y proyectos de investigación.

 

Universidad y país de todos

La universidad venezolana en el país libre debe ser el espacio de surgimiento de las ideas innovadoras, de ciudadanos valerosos, de pluralidad y de mérito que, practicadas en la sociedad, ocasionen círculos virtuosos de crecimiento, de riqueza, de desarrollo y de prosperidad. De todo esto dio cuenta Catalina Ramos en su intervención durante la actividad promovida por universitarios carabobeños. La universidad, como el país –según planteó- debe ser de todos y para todos.

“Para los jóvenes, la universidad tiene que destacarse como el espacio preferido donde formarse, que les permita avanzar y desarrollarse, donde se estimule la búsqueda de la excelencia y el espíritu de superación. Para los profesores, la posibilidad maravillosa del debate, de la investigación, de la creación de conocimiento y de la formación de profesionales; valorando el mérito y la excelencia”, enumeró.

Y continuó: “Para sus egresados, el espacio que despertó nuestro espíritu emprendedor, nuestra actitud innovadora y abierta al cambio y la búsqueda permanente de la superación de nuestros logros. Para las familias, la oportunidad de alcanzar, a través de un mejor desempeño profesional, su crecimiento y prosperidad personal y familiar”.

Por último, Catalina Ramos fue muy clara, al señalar que los cambios de fondo que la universidad venezolana requiere no son viables en el actual sistema. Por ende, enfatizó la urgencia de lograr el quiebre del Estado criminal venezolano mediante la conformación de una Operación para la Paz y Estabilización (OPE), que desaloje a las mafias del poder y del territorio mediante la fuerza en los planos militares, económicos, financieros y de propaganda.

“Solo en ese momento tendremos la oportunidad de plantearnos los cambios profundos que la universidad y la sociedad requieren”, finalizó.

¿Es posible la innovación política en Venezuela?

Vivimos inmersos en un sistema que denigra del talento y el conocimiento, rechaza el mérito, propicia la atomización de la sociedad, y presiona para controlar todos los aspectos de nuestras vidas, sometiendo al ciudadano a un servilismo basado en la desconfianza, la inseguridad y en la incertidumbre. Este ambiente contrario a lo que debería ser una sociedad civil sana, se profundiza más aún cuando la referencia es la actividad político partidista que se ha desarrollado recientemente en nuestro país.
Sin embargo, cuando interactuamos en la calle con la gente, en las actividades que realizamos, presenciales y virtuales, nos encontramos que nuestros conciudadanos están hartos de todas las limitaciones, y que lo que anhelan es la libertad, para tener la posibilidad de tomar las riendas de sus vidas en sus manos, y salir adelante a partir de su esfuerzo y de su trabajo. Nos consta la cantidad de gente talentosa, con conocimiento, que ha venido desarrollando ideas y proyectos en instancias organizadas, formales o no, pero que están ávidos de aportar ese conocimiento y esas ideas para la transformación de Venezuela. Por supuesto, para que eso sea posible hacen falta varios factores, uno de los cuales es esencial: la libertad, por la cual luchamos día tras día, porque sabemos que, sin libertad, nada más podrá surgir.
Pero además de la libertad, es imprescindible también la construcción de ciudadanía, de confianza, de certezas, y de articulación en torno a visiones e ideas de futuro. En medio del ambiente ya definido de desconfianza y hastío, es necesario trabajar profunda y decididamente por construir espacios de confianza, en los que los ciudadanos organizados se sientan invitados, cómodos, y se dispongan a participar con sus ideas, sus demandas, sus inquietudes.
Para que ello sea posible, debemos comenzar por confiar nosotros en el ciudadano. Históricamente en Venezuela, los partidos políticos asumieron que tenían la potestad de ser ellos quienes organizaran a la sociedad civil, y durante muchos años uno de sus objetivos era ser protagonistas dentro de dichas organizaciones, es decir, incluir al partido dentro de la organización ciudadana. Este enfoque, además de ser contrario a la lógica de la organización social y ciudadana, terminó acabando con la independencia de dichas organizaciones, y limitando así la riqueza que le provee a una sociedad la existencia de organizaciones ciudadanas diversas, trabajando en función de sus propios intereses, del hecho público y de las comunidades.
En los últimos más de 20 años esta situación se ha exacerbado en Venezuela, y aunque prevalecen muchas organizaciones sociales independientes, la realidad es que el grado de hastío y desconfianza en relación a los partidos políticos ha generado un ambiente negativo y contrario a un sano sentir republicano.
Vente Venezuela es el único partido que contempla la conformación de esos espacios de encuentro y construcción conjunta con la ciudadanía, basados en el respeto al otro, sin pretender amoldarlo o anularlo. Comprendemos que hay diferencias, por supuesto, pero vemos en ellas la posibilidad de enriquecer los proyectos para el país, a todos los niveles: nacional, estadal, municipal y parroquial. 
Aprovechamos esos espacios para explicar nuestra propuesta liberal, y nos encontramos que la mayoría quiere lo mismo que nosotros: libertad, propiedad privada, justicia, y prosperidad. No pretendemos colonizar a la ciudadanía organizada, al contrario, les invitamos a opinar, a debatir, e incluso a decidir y construir ideas en conjunto, sin la obligación de hacer parte de nuestro partido.
Esa es la motivación de la pregunta que le da título a este artículo. Teniendo en cuenta los 60 años de aprendizaje en sentido contrario, nuestro planteamiento es, en sí mismo, una innovación en la gestión de la política en Venezuela.
Diseñamos mecanismos de trabajo basados en valores, actitudes, confianza, con un profundo respeto por el conocimiento y el talento del otro, factores que se encuentran normalmente dentro de una comunidad y que facilitan la coordinación y cooperación para que, en el proceso, se obtengan beneficios mutuos. Trabajamos en base a relaciones entre personas y grupos organizados, formales o informales. La cohesión surgida a partir de esas relaciones es el origen de la fuerza motora que genera arraigo y ratifica la confianza en los actores participantes.
Esta cohesión nos permite desarrollar vínculos intersectoriales que facilitan la obtención de visiones más amplias, lo cual tiene un impacto en la eficacia y sostenibilidad de los acuerdos comunes, pues se aprovecha el conocimiento, las destrezas y talento de los que allí participan, y en este caso, la suma es mucho más que las partes. Pero lo más importante, comienza a generarse también un respeto por el actor político que lo propicia, con lo cual ganamos como sociedad. Es un encuentro virtuoso entre los actores sociales y ciudadanos, con los actores políticos, que generan la interface necesaria entre la ciudadanía y el poder público. Este proceso asegura que, por una parte, los proyectos y políticas públicas desarrolladas en conjunto gocen de una mayor sostenibilidad, arraigo y validez, al tiempo que los líderes políticos que los facilitaron obtienen respeto, confianza y legitimidad de su entorno ciudadano más cercano.
Estos procesos que desarrollamos desde la Coordinación de Asociaciones Ciudadanas de Vente Venezuela aportan la legitimidad de todos los saberes e intereses de los participantes, requieren de destrezas para concertar y articular redes, flexibilidad y transparencia en los procesos de trabajo, construyen una visión compartida en torno a un problema específico, propician la cooperación para alinear lo comunitario con lo individual, contribuyen con la construcción de consensos, abren un espacio enorme de oportunidades, facilitan la identificación de problemas específicos de una determinada localidad, y en conjunto, incentivan la creación de ciudadanía tan necesaria para una verdadera transformación del país.
Bajo este modelo, las iniciativas deben entrelazarse, comunicarse, interactuar en función de mejorar su alcance y su impacto, y de este proceso surge la construcción de la verdadera apropiación de la innovación política como concepto intrínseco de gestión y de interacción entre el partido político y la ciudadanía organizada. Y como desde Vente estamos planteando un país federal, esta metodología aumenta las capacidades regionales y locales porque les da mayor visibilidad y protagonismo.
Por eso, y apoyados en el gran capital humano y político que hemos venido construyendo como red de Asociaciones Ciudadanas, el año próximo llevaremos nuestra estrategia a todos los rincones del país. Donde haya un colegio ciudadano constituido, iremos. A explicar, a escuchar, a vincular. A generar confianza, arraigo y certeza. Sabemos lo que tenemos que hacer, nos hemos estado preparando para ello.
El año 2021 será el de la consolidación de esos espacios de vinculación con la ciudadanía que garantizarán que nuestra propuesta para una Venezuela de oportunidades, innovación, emprendimiento, vanguardia y prosperidad, que llamamos Venezuela Tierra de Gracia llegue para arraigarse para siempre en nuestro país. Tenemos el conocimiento, tenemos el talento, tenemos la red y vamos por más, pero sobre todo, lo más importante, estamos decididos a hacerlo, y no nos detendremos hasta lograrlo!!
Nuestro compromiso es hacer la diferencia, y no hay más tiempo que perder.

jueves, 6 de febrero de 2020

La oportunidad de la ciudadanía


La Venezuela de hoy está llena de personas tratando de sobrevivir y sobrellevar su vida frente a este sistema que agobia, somete, persigue y que pretende encerrarnos en nosotros mismos, para hacernos creer que estamos solos y el resto está en contra de nosotros. Sabemos que eso está hecho así por diseño, pues para construir una sociedad sólida, sana y próspera, es necesario el ejercicio de la ciudadanía, comprendiendo la existencia con relación al otro, lo cual es totalmente contrario a lo que busca el régimen imperante.
Consecuencia de lo anterior, el venezolano hoy a diferencia de otras épocas, no busca en el hecho político soluciones a su crisis particular, porque ya han sido muchas las veces en las que han puesto toda su esperanza en falsas ofertas de solución que luego no han sido cumplidas, causándole, además de la frustración y la desesperanza, pérdidas dolorosas en términos familiares, debido a la diáspora, a enfermedades no tratadas a tiempo, pérdidas de su propiedad, entre otras muchas causas que conocemos.
Cuando la barbarie ya no causa escozor, los desastres no asustan, y la corrupción en lo político es vista como una profesión en la que quieren estar muchos, hemos perdido los referentes éticos. Además, cuando perdemos la capacidad de aterrarnos, cuando las desgracias son hechos normales y cotidianos, estamos en el borde de un colapso social. Es por ello que la tarea de fortalecer la ciudadanía, y arraigar en torno a principios y valores, se constituye en la principal actividad que a nuestro juicio es menester realizar hoy, cada minuto y en cada lugar donde estemos, pero muy especialmente desde lo político. Sin un ciudadano fuerte, será prácticamente imposible transformar de raíz a nuestro país.
La condición ciudadana que necesitamos para que la libertad tan anhelada sea sostenible y se mantenga en el tiempo, conlleva mucho más que “el espacio en el que se habita y las leyes que lo definen”. El ciudadano que buscamos es un ciudadano con profunda conciencia de su dignidad humana, del valor de la libertad sin condiciones, y al mismo tiempo de la gran responsabilidad que conlleva ejercerla.
Es por eso que ser ciudadano en la Venezuela de hoy, como diría el profesor Alexander Campos, es una actividad de alto riesgo, en tanto implica creatividad, espíritu crítico, y valor para ejercer la libertad; implica tomar decisiones en algunos casos poco “populares”, y la responsabilidad al asumir los costos de dichas decisiones. Libertad y ciudadanía están íntimamente ligadas, porque el ejercicio de la ciudadanía es de alguna manera, el ejercicio de la libertad. El súbdito, en tanto sometido por el poder, carece de estos valores, pero el ciudadano, en tanto portador de las cualidades previamente citadas, tiene que ser libre, y ejercer activamente esa libertad.
Necesitamos un ciudadano con proyectos de vida, proyectos políticos propios, que sea proactivo y que debata, buscando en el espectro social y político aquel que más se aproxima a lo que él quiere desarrollar. En esa medida, aportará para la configuración de la sociedad sólida, libre y próspera que anhelamos, y la ciudad en la cual lleve adelante esos proyectos. No al revés. No estamos buscando colorear al ciudadano por fuera, eso es una falta de respeto y una subestimación brutal a la capacidad del venezolano.
Por todo ello, consideramos que el ejercicio de la ciudadanía en Venezuela debe concebirse como fundacional. Si diseñamos las ciudades y los espacios públicos ajenos a la realidad actual y a cómo es necesario transformarla, estaremos fomentando espacios para habitantes, no lograremos concretar el cambio imprescindible de sistema, y más temprano que tarde nos encontraremos de nuevo en una crisis equivalente a la actual. Por eso el trabajo debe ser al revés, fortalecer primero la ciudadanía para que desde allí se generen las interacciones, el re diseño institucional, y luego las ciudades en las que se ejercerá esa ciudadanía y esa libertad. Todo ciudadano es habitante, mas no todo habitante es ciudadano.
La buena noticia es que en todos los rincones del país hay venezolanos que, cuando con mucha humildad y respeto, se le incentiva a expresar sus inquietudes a partir de sus angustias o de su conocimiento y experiencia, ocurre una suerte de iluminación y despertar, que nos permite escudriñar, y revivir ese germen ciudadano que, afortunadamente sigue allí resistiendo. Otra buena noticia, aunque paradójica y difícil de asumir, es que este nivel de desastre y destrucción actual permite comenzar de cero y se constituye entonces en la gran oportunidad de la ciudadanía.
Los políticos tenemos que procurar en nuestros conciudadanos, como condición imprescindible de inicio, espacios de confianza mutua, para allí trabajar en conjunto en dos ejes principales: la búsqueda del arraigo en los valores como mecanismo para afianzar la fortaleza espiritual imprescindible por una parte; y por la otra, la profundización de la articulación entre las capacidades de las organizaciones sociales y los espacios políticos, como mecanismo generador de alianzas verdaderamente sostenibles que comiencen el trabajo de cohesión requerido para una sociedad vigorosa, que tendrá una dura tarea en el acompañamiento al rediseño institucional que sostenga la República.
Para ello, en Vente Venezuela estamos trabajando intensamente en facilitar esos espacios de confianza y encuentro con los ciudadanos, donde contribuyamos e incentivemos la búsqueda propia de la razón de ser de la libertad, donde fomentemos el reencuentro con el significado de tener aspiraciones, de la importancia del conocimiento y el mérito como motores para mejorar en la sociedad, y así acompañarlos en la búsqueda de su proyecto personal y de vida, e invitarlos a participar en su construcción.
Este es nuestro enfoque principal de actuación, porque estamos muy claros en la capacidad del venezolano a trabajar para desarrollarse y progresar, y en esa medida, construir ciudadanía y ciudad. Nuestra apuesta es transformar a Venezuela a partir de un sistema político basado en la libertad, y centrado en el autodesarrollo del ciudadano; que genere las oportunidades para que estos avancen, y junto a ellos, articular cada espacio de la vida del país, de la mano de su aporte, sea este a través de una organización o de su experticia, o simplemente, y muy importante, desde el ejercicio consciente, activo y profundo de su ciudadanía.

Esquizofrenia


Hay días en los que, a pesar de que por mi responsabilidad en las labores que desempeño es necesario hacerlo en tiempo real, decido no entrarle con mucho detalle a las noticias ni las a redes sociales. Especialmente aquellos en los que los “especialistas” comienzan a intentar “analizar el alcance” de tal o cual medida del régimen, de esta sentencia del “TSJ”, o de aquel pronunciamiento de algún ministro, o cualquier otro de los miembros de la comparsa del usurpador.
No sé si a ustedes les pasa, pero yo trato de ir llevando la secuencia cronológica y la lógica de las acciones y posiciones que hemos ido tomando como oposición, desde “el inicio de los tiempos”, un poco para ir midiendo el avance –si lo hubiera- o para pensar en mecanismos de ajuste y corrección cuando considere que nos hemos desviado o estancado. Pero no nos lo ponen fácil. Aquí les comparto algunos ejemplos:
Primero, desde la Asamblea Nacional, se anunció a gritos que lo íbamos a sacar en 6 meses (ENE2016). Más tarde, esa misma Asamblea Nacional lo declara en abandono del cargo, pero no da los siguientes pasos, para que el cargo de Presidente de la República lo ocupe otra persona, siguiendo la constitución (ENE2017).
Esa mismita Asamblea Nacional, un tiempo después, utilizando los correctos mecanismos institucionales y constitucionales, designa un nuevo TSJ, declarando que el anterior dejó sus cargos vacantes (JUL2017). Pero luego obvia completamente a ese TSJ para proceder en el fortalecimiento de los instrumentos legales que soporten la escasa institucionalidad que tenemos.
Pocos días antes, en conjunto como sociedad, llevamos a cabo un plebiscito maravilloso que produjo un mandato, una vía constitucional para salir de la crisis con el respaldo de casi 8 millones de venezolanos, dentro y fuera del país. La Asamblea Nacional recibe el resultado y le da carácter institucional, pero luego, no prosigue con los pasos siguientes para implementar dicho mandato (JUL2017).
En enero de este año, desde la Asamblea Nacional (de nuevo) lo declaramos usurpador, y con él, todos sus actos, sus nombramientos, sus dictámenes, sus normas, TODO!! está en dicha condición de usurpación. Ah!, pero se sigue pidiendo que “pague lo correspondiente a…”, que “lleve el gas a la comunidad tal”, “que revise la convención colectiva del sindicato cual”, y un infinito listado de etcéteras similares. ¿Es usurpador, pero quiero que “gobierne”? No entiendo. Parecemos esquizofrénicos.
Más recientemente, de cara a la grave crisis institucional que se avecina inminente en las universidades públicas, hay una epidemia de “consultitis” en curso, asumiéndola como la panacea para resolver el dramático problema universitario, y yo me pregunto: ¿estaremos preparados para asumir como es menester la defensa de esos resultados?
En la USB sabemos lo que significa haber hecho una consulta formal, con toda la rigurosidad institucional del caso, y haber escogido un vicerrector académico que contó –y todavía hoy cuenta- con el respaldo de la comunidad universitaria, y que además tiene la trayectoria, arraigo, experiencia y compromiso que lo hace idóneo. Pero por una rendija, desde el régimen nos impusieron a otra persona, completamente ajena a la institución. De eso ya hace dos años. Y ahora de nuevo estamos hablando de otra consulta interna, para escoger las autoridades universitarias, “bajo los parámetros de los reglamentos de la universidad”. Como si eso fuera alguna garantía. ¿En serio?
Yo comenzaría por meditar acerca de si la renombrada medida cautelar 0324 que originó esta vorágine de los últimos meses es siquiera aceptable, dado que emana de una institución que, de acuerdo a los actos ejercidos por la vigente Asamblea Nacional, hace poco más de dos años que no existe. Por lo tanto, ¿a cuenta de qué voy a asumir los dictámenes de ese “TSJ”?
En lo personal pienso que la raíz de la contradicción planteada es que no se está partiendo del diagnóstico correcto. Se intenta curar un cáncer terminal con una infusión de jengibre. Si no está claro el diagnóstico, no importan las decenas de interpretaciones legales, ni académicas que se haga, la estrategia que se diseñe en consecuencia tendrá un altísimo porcentaje de fracaso.
El sistema criminal que usurpa el poder, que es el mismo que ahora se quiere apropiar de las universidades públicas, no tiene que ver con leyes, ni con normativas internas universitarias, ni le preocupa en lo absoluto la forma. Ya se ha quitado las caretas, por lo que el costo político ya lo pagó.
Por eso, a mi modo de ver, la estrategia que asumamos los universitarios tendría que tener tres componentes esenciales: en primer lugar, claridad en lo que enfrentamos, para entender el tamaño de la responsabilidad de asumir verdaderamente la defensa de la universidad. Este es un sistema criminal, como ya mencioné, cuyo sistema de valores no tiene nada que ver con el nuestro, y esa variable tiene que estar en la ecuación.
En segundo lugar, la estrategia no debe contener ninguna acción que de una u otra manera legitime alguna de las instituciones y figuras de la usurpación, es así que, por ejemplo, considerar las interpretaciones del “TSJ” ilegítimo (como si les importara la forma), o solicitudes al ministerio del usurpador, o combinaciones parecidas, no tendrían que estar en la ecuación, como no sea para descartar vías de trabajo.
Por último, la estrategia que abordemos en defensa de la universidad venezolana tiene necesariamente que incluir una acción internacional que llame la atención ante instancias equivalentes, en torno a la urgencia y la gravedad de lo que estamos viviendo, en consonancia por supuesto con la gravedad de la crisis del país, cuya raíz está en la usurpación, por lo cual su solución solamente comenzará cuando ella cese.
El régimen va a hacer lo que quiera hacer. Porque mientras siga usurpando el poder, no se detendrá, seguirá intentando copar todos los espacios que le faltan, y si ha de hacerlo a la fuerza, lo hará. De nosotros está diseñar una estrategia real que le eleve notablemente ese costo, que el mundo la conozca y la comparta, para que sumemos un argumento más a la necesidad urgente e inminente de una coalición internacional que nos acompañe a desalojar al sistema criminal y a reconstituir la institucionalidad para transitar hacia la verdadera libertad.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El legado

Hace poco estuve en el Zulia. Una región de nuestro país que recordamos pujante, productiva y luminosa, que se encuentra sumida hoy en un grado inhumano de destrucción y abandono, diseñado maquiavélicamente para someter en forma definitiva al ciudadano. Los que vivimos en otras regiones del país, cuando escudriñamos los detalles de la crisis zuliana, nos preguntamos ¿cómo es que aún los zulianos, particularmente los maracuchos, con esa pasión regionalista que los caracteriza, no se han levantado, no han armado un buen lío?
No tengo la respuesta a esa pregunta. Pero lo que viví en estos días en el Zulia más bien me llenó de ánimo y de una gran responsabilidad con estos ciudadanos, de cara al proceso de rediseño institucional y republicano que nos tocará desarrollar una vez alcanzada la libertad que anhelamos. Fue un balde de dignidad humana zuliana que confieso que me tomó por sorpresa.
Hay una profunda claridad en cuanto a las causas que nos trajeron hasta aquí. Dolor y mucha rabia también, por supuesto. No es fácil procesar, en un país de tradición de afecto, confianza y camaradería como el nuestro, esta ruptura emocional que ha significado el desmembramiento de las familias, de las comunidades, de las raíces. Hay heridas que costará mucho sanar.
Además, este sistema criminal que intenta someternos, diseña cada una de sus acciones, sus discursos, para hacernos sentir ínfimos, que no valemos lo suficiente para merecer más, que está mal aspirar a otra cosa mejor para nosotros y nuestras familias y que tenemos que conformarnos, igualándonos a todos hacia abajo.
Afortunadamente, estamos rodeados de venezolanos que están muy claros en lo que estamos viviendo. Entienden que no hay soluciones mágicas, que para que logremos alcanzar la libertad que anhelamos, es imprescindible arremangarse las mangas y trabajar duro. Acompañar al que tenemos cerca, hacerle saber que no está solo. Explicarle lo que no alcance a comprender de la cotidianidad. Informarlo, en un país en el que los medios de comunicación y peor aún, la libertad de expresión han desaparecido por completo.
Estos ciudadanos entienden que la lucha es existencial, y que hay que darla incansablemente en cada minuto de nuestra vida, en cada espacio disponible que tengamos. Cuando hablan, nos dan lecciones inmensas, que nos llenan de fuerza, pero también de una gran responsabilidad. Gente que ante la clásica afirmación que surge comúnmente en cualquier conversación de “qué país le vamos a dejar a nuestros hijos”, nos increpan respondiéndonos que el enfoque es al contrario, que en medio de este sistema plagado de antivalores y de referencias éticas e institucionales, el trabajo que debemos hacer es arraigarnos en los valores, porque la pregunta correcta es ¿qué hijos le vamos a dejar a Venezuela?
Tengo que confesarles que esa pregunta me estremeció. Porque ciertamente, la condición ciudadana que necesitamos en nuestro país para que la libertad tan anhelada sea sostenible y se mantenga en el tiempo, conlleva mucho más que “el espacio en el que se habita y las leyes que lo definen”. El ciudadano que buscamos es un ciudadano con profunda conciencia de su dignidad humana, del valor de la libertad sin condiciones, y al mismo tiempo de la gran responsabilidad que conlleva ejercerla.
Quiero decirles que en todas las reuniones en las que estuve, en las comunidades con las que compartí, me encontré venezolanos trabajando desde su espacio para ir construyendo esa capacidad ciudadana. Iniciativas espontáneas de venezolanos que entendieron que ese es el esfuerzo en el que mejor inversión de tiempo podemos hacer, porque conjuga varios elementos que necesitamos robustecer para avanzar en la ruta del coraje, y que son condicionantes tanto para ejercer la presión ciudadana tan mencionada, como para establecer las bases de las siguientes fases.
Por una parte, la búsqueda del arraigo en los valores como mecanismo para afianzar la fortaleza espiritual imprescindible; y por la otra, la profundización de la articulación entre las capacidades de las organizaciones sociales y los espacios políticos, como mecanismo generador de alianzas verdaderamente sostenibles que comiencen el trabajo de cohesión requerido para una sociedad vigorosa, que tendrá una tarea laboriosa en el acompañamiento al rediseño institucional que sostenga la República.
Nosotros, en Vente Venezuela hemos venido trabajando en ello. Y reconforta enormemente constatar que no estamos solos. Que cada vez somos más, y estamos en más rincones del país. Que esa energía brota de la propia ciudadanía, harta ya de tanto el régimen como el estatus quo intenten seguir subestimando su inteligencia y sus capacidades de autodeterminarse.
Por ello, estamos convencidos de que nuestra labor es seguir acompañando esa cruzada imprescindible, vital, emocional, espiritual, que ya comienza a ser un hecho cotidiano, y que constituye nuestra responsabilidad ciudadana y de liderazgo. Nuestro compromiso, al lado de estos venezolanos decentes, nobles y trabajadores, que quieren echar pa´lante y prosperar a partir de su esfuerzo y su trabajo, es seguir, sin descansar ni desviarnos. Hasta alcanzar la libertad, pero más aún, hasta haber logrado asentar en Venezuela, desde sus raíces, los pilares de la República Liberal Democrática por la cual trabajamos.
Volviendo a la interrogante por la cual comenzamos esta reflexión, creo que los zulianos se están preparando para estar listos en el momento que haga falta ejercer esa presión ciudadana, y además lo están haciendo mientras aprovechan para hacer el trabajo que va a las raíces. Sienten que en esa línea de acción, lo que hacemos en Vente Venezuela es lo que hay que hacer, es lo que corresponde. Y más que eso, cierro con lo que una de las empresarias maracuchas me dijo al despedirnos: esta educación ciudadana es el mejor legado que Vente Venezuela y María Corina le podrán dejar a nuestro país.
Que inmensa y honorable responsabilidad!

sábado, 31 de agosto de 2019

La cruzada vital


Un amigo a quien quiero mucho siempre nos repite que “las guerras se ganan primero en nuestra mente, antes de salir al campo de batalla. Si no lo haces así, perdiste antes de comenzar”. Todo este tiempo había escuchado esta afirmación desde la perspectiva bélica, estrictamente hablando. Sin embargo, a la luz de los aprendizajes conversando con ciudadanos en distintos rincones de Venezuela comprendo que esto tiene un significado mucho más amplio.
Cada uno de nosotros, dentro y fuera del país, libra cada día una batalla interna. En nuestro entorno, cada minuto las señales contradictorias e incentivos perversos que se interponen con nuestra decisión de seguir adelante, se solapan y atropellan a las razones de fondo que nos mueven a creer que sí es posible en Venezuela –y no dentro de mil años- un mañana lleno de libertad y oportunidades. Cuando logramos que la balanza se incline hacia la visión de lo que creemos posible, se nos renueva la fuerza para avanzar por la ruta correcta día tras día, sin importar las dificultades. Pero no siempre es fácil.
Familias separadas, economía personal y familiar destruida, enfermedades, pérdidas, son la constante que encontramos en cada venezolano. Dolor y mucha rabia por las causas que nos trajeron hasta aquí. Al mismo tiempo, claridad, mucha claridad en la negativa férrea de volver al país en el que esas causas estaban presentes, porque ello nos traería de nuevo a esta realidad, pero peor, porque habremos perdido un tiempo valioso, y sobre todo, la inmensa oportunidad de comenzar todo diferente, desde su raíz.
Te despiertas cada día, lo meditas, y a pesar de todos los obstáculos y las dificultades, o quizá precisamente porque existen, te dices: hay que seguir. Esta es la ruta. Tenemos que vencer. Y luego sales, revisas las redes sociales, los debates que están en la calle, falla alguno –o varios- servicios públicos, los anti valores como santo y seña en tu entorno, y de nuevo te preguntas ¿tiene sentido? ¿Qué pasa con la mayoría de los líderes políticos, que no ven lo que vemos nosotros? ¿Hasta cuándo será este divorcio con el anhelo urgente del ciudadano? ¿Cuánto más piensan ellos que podemos resistir esta tragedia?
Una gran parte de lo que vivimos hoy en nuestro país, es así por diseño del régimen. Las colas, la humillación en las instituciones públicas, el sometimiento a las cajas de comida, la restricción en los servicios públicos. La corrupción, en todos sus niveles, el abuso. El terror de la persecución por pensar distinto, la inseguridad en cada rincón. Es el intento de someternos, hacernos sentir ínfimos, que no valemos lo suficiente para merecer más, que está mal aspirar a otra cosa mejor para nosotros y nuestras familias. Que hay que conformarse.
En esos momentos, suelo apelar a la afirmación de mi amigo, con la que comencé este escrito. Primero, tenemos que ganar la batalla dentro de nosotros. Tenemos que lanzarnos en una cruzada imprescindible, vital, emocional, espiritual, a partir de la que nos fortalezcamos en la convicción y claridad de cuáles son los siguientes pasos a seguir. Y para ello, necesariamente tenemos que acudir a nuestra esencia, a la médula de lo que somos.
Venezuela está llena de ciudadanos decentes, nobles y trabajadores. Gente que quiere echar pa´lante, que quiere prosperar a partir de su esfuerzo y su trabajo. Ciudadanos que saben que todo esto está mal, pero que no es producto solamente del legado del difunto, saben que la raíz viene de mucho más atrás, y que desde allá atrás es que hay que cambiar.
Pero el sistema está diseñado para que no nos encontremos, para que no sepamos que hay más como nosotros, que pensamos en forma similar. Por ello, lo primero que tenemos que asumir con claridad es que no estamos solos, que somos muchos millones por todos los rincones del país que hacemos el mismo análisis, al igual que en cada ciudad del mundo donde hay nativos de esta maravillosa tierra. Y luego, hacerle ver al vecino que esto es así, e invitarlo a su vez a que también lo haga con su vecino. Tenemos esa responsabilidad ciudadana. Así será mucho más difícil someternos y anular nuestro espíritu que siempre está en busca de los caminos hacia la libertad y la prosperidad. Porque los malos sí se agrupan, y se mantienen cohesionados, lo que hace que aunque sean muy pocos, parezcan una gran fuerza que atemorice.
Comencemos por ganar entonces nuestra cruzada vital. La que se genera cada momento dentro de nosotros ante la incertidumbre de lo que vendrá en el corto plazo. Frente a cada dilema, frente a los antivalores que pretenden imponernos desde este sistema de mafias que han instalado en nuestro país, preguntémonos si lo que haremos nos aleja o nos acerca a la ruptura necesaria y urgente con aquellos antivalores. Y actuemos en consecuencia. Y ante la duda, siempre podemos llamar a un amigo.

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