lunes, 22 de abril de 2024

Salvar el fuego. Mi descubrimiento de marzo

Aprovecharé hoy 23 de abril, Día Internacional del Libro, para comentarles uno que hace poco terminé: Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga (@guillermo_arriaga_jordan).

Tengo que confesar que nunca se me habría ocurrido leerlo, pero gracias al Club de Lectura que promueven @nandanieves y @queleepod lo hice y no me arrepiento. Todo lo contrario!! Esta novela fue Premio Alfaguara en 2020, y el autor tiene en su haber obras como Amores Perros, 21 gramos y Babel (sí, las películas).

No pretendo que ésta sea una reseña exhaustiva ni de erudita. Imagínense!! Pero necesito hacerla, porque el libro resultó ser un tremendo descubrimiento para mí, me sacó de los paradigmas de lectura que regularmente he tenido.

Desde mi perspectiva de lectora común y silvestre, Salvar el fuego es una novela de amor. Pero no de cualquier amor, lo que la hace más interesante y estremecedora. Es un amor tormentoso, apasionado, rompedor y a contracorriente. Transcurre en el México contemporáneo, entre una bailarina de danza moderna y un asesino condenado a prisión, entre el arte y el narcotráfico, entre la belleza de la literatura salvadora y las mafias. 

Lo primero que me enganchó fue la lucha interna de su protagonista Marina, en torno a si el arte debe ser apasionado y transmitir emociones y significado al público o mantenerse objetivo, frío y externo, para que sea el espectador quien lo llene de contenido. Esa reflexión se mueve entre las coreografías de Marina, las películas que produce uno de sus amigos y la literatura desarrollada por los reos en la cárcel.


Una buena parte de la obra se desarrolla en el Centro Penitenciario. La dinámica perversa de estar privado de libertad y también sometido a diferentes tipos de mafias reinantes: las de más autoridades del penal, los jefes de los carteles y las jerarquías internas que surgen para sobrevivirlos a ambos. Hay un pasaje relativo a estar preso que me impactó especialmente y que lo expresa JC, el otro protagonista de la novela: “Eso de expulsarlo a uno de la vida es lo más cruel del mundo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y eso del exilio tras los barrotes es una de las cosas más cosificantes que hay y que terminan por hacerlo a uno algo menos que una cosa”... Y sigue: “Si en Nueva Inglaterra a las mujeres adúlteras les tatuaban una A en la frente, a los presos les tatúan el alma para que nunca olviden su condición de reos perpetuos. La cárcel no se la saca uno de uno ni tallándola con agua y jabón. No sale ni aunque te declaren inocente”


Uno de los elementos más interesantes a mi juicio es la estructura de la novela. Desde mi perspectiva, tiene al menos 3 hilos de tiempo simultáneos que arrancan separados, pero que se van acercando paulatinamemte a lo largo de la obra hasta encontrarse y fundirse magistralmente al final: el pasado de JC narrado por su hermano, el pasado suyo y de Marina narrado por ellos mismos, y el presente de ambos. Y como sazón, presenta al inicio de cada capítulo los escritos que los reos desarrollaban en los talleres de literatura que se realizaban en la cárcel. Es de una riqueza de recursos y contenido impresionante y avasalladora, que en ocasiones me sacudió y me dejaba sin respiración.


Caso aparte es la naturaleza y razón de ser de la historia de amor, por el debate de vida que plantea. Marina lo describe así: “Sin embargo, por primera vez sentí que mi vida estaba en mis manos. Jodida, pero en mis manos. No es que antes hubiese sido una mujer manipulada por otros. Habían sido mis decisiones”. Y más adelante: “Con José Cuauhtémoc aprecié el presente. Lleno de agitación y sobresaltos, al menos vital, furioso. Mi educación desde niña estuvo enfocada al futuro, siempre al futuro. La energía derrochada en persecución de un intangible. Porque el fin y al cabo, creer en el futuro es un acto de fe, una apuesta”. Es decir, la disyuntiva entre mantenerse en un esquema de vida seguro y determinado, aunque en el caso de Marina representaba la ausencia de pasión que incidía en su desempeño como bailarina y coreógrafa o lanzarse al vacío apostando a un torbellino incierto pero que la hizo sacudirse desde lo más profundo y transformarse en el tipo de artista y de mujer que ella admiraba.


Al final la novela te pone frente a varios desafíos que no nos son desconocidos, pero que a veces la cotidianidad diluye: la zona de confort versus la incertidumbre que se genera al moverte a nuevos espacios, el reto de conocerte a ti mismo aunque sea aterrador, la línea muchas veces difusa entre lo que está bien y lo que no, y los matices intermedios, en fin, les recomiendo leerla y hacerse su propia opinión.


A mi me sacudió, sé que en una buena parte fue por las circunstancias en medio de las cuales la leí, pero de igual manera fue un tremendo descubrimiento. Quizá la vuelva a leer en otro momento, a ver si me transmite lo mismo, o encuentro en sus líneas otras emociones.


No quería terminar sin comentar que, en la dinámica del Club de Lectura tuvimos el privilegio de conocer y conversar con el autor. Me encantó su carácter y su expresión llana para despejar las dudas que le planteamos y darnos orientación, y quedé muy motivada a conocer más de su obra, además de la tremenda novela que trabajamos en marzo. Gracias a @nandanieves por la motivación y por invitarme a participar.


Termino con una frase de José Cuauhtémoc en los talleres de literatura en la cárcel y que resume para mi lo que fue la transformación de Marina y del propio JC a partir de su relación: "La llama de un fósforo dura solo unos segundos, pero es capaz de incendiar un bosque".


Salvar el fuego. Mi descubrimiento de marzo

Aprovecharé hoy 23 de abril, Día Internacional del Libro, para comentarles uno que hace poco terminé: Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga ...