jueves, 21 de enero de 2021

La universidad debe ser una fuente de riqueza y prosperidad en la Venezuela libre

 En “Venezuela, tierra de gracia”, la universidad debe ser autónoma

La Coordinadora Nacional de Asociaciones Ciudadanas del partido de la libertad enfatiza que las transformaciones de fondo de la sociedad venezolana solo serán posibles en libertad, no en el actual sistema

(Caracas. 19/08/2020) Catalina Ramos, coordinadora nacional de Asociaciones Ciudadanas de Vente Venezuela, señaló el pasado fin de semana que la universidad debe ser una fuente de riqueza y prosperidad en la Venezuela libre. Llamó, en ese sentido, a los profesores, estudiantes, académicos y egresados universitarios del país a sumarse a la elaboración de la visión y el proyecto de universidad que desde ya adelanta su organización política.

Durante un forochat organizado por estudiantes de la Universidad de Carabobo, Ramos detalló que “tenemos claro que el país que queremos es de libertades; donde el Estado de derecho sea el eje de conducción de la sociedad y donde el ciudadano sea el centro del desarrollo, teniendo para ello al Estado a su servicio. Un país que se deslastre de los males socialistas que nos trajeron hasta aquí. En esa medida, esa visión de país conlleva a nuestra visión particular de universidad”.

Emplazó a los universitarios a sumar a más sectores de la sociedad a su lucha contra los ataques perpetrados por el Estado criminal, como la violación de la autonomía, el ahogo económico, la creación de misiones y de nuevas universidades con cuestionables estándares de calidad, entre otros. “Lo que hagamos hoy frente a esta crisis definirá, no solamente la universidad que tendremos, sino el modelo de sociedad y el país que queremos tener”, añadió.

 

Modelo de universidad libre

La Coordinadora Nacional de Asociaciones Ciudadanas del partido de la libertad explicó que, bajo el plan “Venezuela, tierra de gracia”, la universidad está concebida para propiciar una cultura a favor de la libertad en todos los ámbitos: ético, político, económico, jurídico. “Igualmente, [las universidades] tendrían que ser espacios donde se difundan y cultiven los valores del Estado de derecho, la república y lo imprescindible de la transparencia en la gestión pública”, expuso.

Detalló que el modelo de universidad libre debe permitir que esta se deslastre del estatismo, el populismo y el clientelismo para dar apertura a espacios “para la libertad, la creatividad, la innovación, la generación de conocimiento y, en conjunto con la sociedad, la generación de prosperidad”.

Y añadió: “Las universidades tendrían que ser espacio para los debates a partir de concepciones amplias del ser humano y la sociedad y cómo desde la academia se puede contribuir a que la sociedad esté mejor. Nuestras universidades tendrían que ser espacios en los que los ejes conductores sean la excelencia, el mérito y el avance de los mejores, para incentivar y fortalecer esa cultura en la sociedad”.

En ese sentido, resaltó que la universidad de la “Venezuela, tierra de gracia” debe ser autónoma administrativa, académica, económica y financieramente. Una autonomía –detalló- que permita la relación y el crecimiento de la universidad con otros sectores del país y que le permita el diseño de sus programas de estudio, sus métodos de enseñanza y sus líneas de desarrollo “como lo decida su comunidad universitaria”.

“Si la universidad se relaciona orgánicamente con el sector privado, puede obtener ingresos importantes, a través de proyectos de investigación, asesorías, resolución de problemas concretos a la industria y al sector productivo. Podríamos plantear modelos en los que la universidad obtenga recursos por alianzas, convenios, servicios y contratos con empresas. Si pensamos en un país federal, las universidades podrían contribuir con el desarrollo de sus estados”, señaló.

Por último, mencionó que los egresados universitarios tienen también un rol importante en el modelo de universidad del país libre, mediante la participación en programas de apoyo directo a los mejores estudiantes, de aportes a proyectos para espacios puntuales, de conexión de planes universitarios con empresas y de clases virtuales y proyectos de investigación.

 

Universidad y país de todos

La universidad venezolana en el país libre debe ser el espacio de surgimiento de las ideas innovadoras, de ciudadanos valerosos, de pluralidad y de mérito que, practicadas en la sociedad, ocasionen círculos virtuosos de crecimiento, de riqueza, de desarrollo y de prosperidad. De todo esto dio cuenta Catalina Ramos en su intervención durante la actividad promovida por universitarios carabobeños. La universidad, como el país –según planteó- debe ser de todos y para todos.

“Para los jóvenes, la universidad tiene que destacarse como el espacio preferido donde formarse, que les permita avanzar y desarrollarse, donde se estimule la búsqueda de la excelencia y el espíritu de superación. Para los profesores, la posibilidad maravillosa del debate, de la investigación, de la creación de conocimiento y de la formación de profesionales; valorando el mérito y la excelencia”, enumeró.

Y continuó: “Para sus egresados, el espacio que despertó nuestro espíritu emprendedor, nuestra actitud innovadora y abierta al cambio y la búsqueda permanente de la superación de nuestros logros. Para las familias, la oportunidad de alcanzar, a través de un mejor desempeño profesional, su crecimiento y prosperidad personal y familiar”.

Por último, Catalina Ramos fue muy clara, al señalar que los cambios de fondo que la universidad venezolana requiere no son viables en el actual sistema. Por ende, enfatizó la urgencia de lograr el quiebre del Estado criminal venezolano mediante la conformación de una Operación para la Paz y Estabilización (OPE), que desaloje a las mafias del poder y del territorio mediante la fuerza en los planos militares, económicos, financieros y de propaganda.

“Solo en ese momento tendremos la oportunidad de plantearnos los cambios profundos que la universidad y la sociedad requieren”, finalizó.

¿Es posible la innovación política en Venezuela?

Vivimos inmersos en un sistema que denigra del talento y el conocimiento, rechaza el mérito, propicia la atomización de la sociedad, y presiona para controlar todos los aspectos de nuestras vidas, sometiendo al ciudadano a un servilismo basado en la desconfianza, la inseguridad y en la incertidumbre. Este ambiente contrario a lo que debería ser una sociedad civil sana, se profundiza más aún cuando la referencia es la actividad político partidista que se ha desarrollado recientemente en nuestro país.
Sin embargo, cuando interactuamos en la calle con la gente, en las actividades que realizamos, presenciales y virtuales, nos encontramos que nuestros conciudadanos están hartos de todas las limitaciones, y que lo que anhelan es la libertad, para tener la posibilidad de tomar las riendas de sus vidas en sus manos, y salir adelante a partir de su esfuerzo y de su trabajo. Nos consta la cantidad de gente talentosa, con conocimiento, que ha venido desarrollando ideas y proyectos en instancias organizadas, formales o no, pero que están ávidos de aportar ese conocimiento y esas ideas para la transformación de Venezuela. Por supuesto, para que eso sea posible hacen falta varios factores, uno de los cuales es esencial: la libertad, por la cual luchamos día tras día, porque sabemos que, sin libertad, nada más podrá surgir.
Pero además de la libertad, es imprescindible también la construcción de ciudadanía, de confianza, de certezas, y de articulación en torno a visiones e ideas de futuro. En medio del ambiente ya definido de desconfianza y hastío, es necesario trabajar profunda y decididamente por construir espacios de confianza, en los que los ciudadanos organizados se sientan invitados, cómodos, y se dispongan a participar con sus ideas, sus demandas, sus inquietudes.
Para que ello sea posible, debemos comenzar por confiar nosotros en el ciudadano. Históricamente en Venezuela, los partidos políticos asumieron que tenían la potestad de ser ellos quienes organizaran a la sociedad civil, y durante muchos años uno de sus objetivos era ser protagonistas dentro de dichas organizaciones, es decir, incluir al partido dentro de la organización ciudadana. Este enfoque, además de ser contrario a la lógica de la organización social y ciudadana, terminó acabando con la independencia de dichas organizaciones, y limitando así la riqueza que le provee a una sociedad la existencia de organizaciones ciudadanas diversas, trabajando en función de sus propios intereses, del hecho público y de las comunidades.
En los últimos más de 20 años esta situación se ha exacerbado en Venezuela, y aunque prevalecen muchas organizaciones sociales independientes, la realidad es que el grado de hastío y desconfianza en relación a los partidos políticos ha generado un ambiente negativo y contrario a un sano sentir republicano.
Vente Venezuela es el único partido que contempla la conformación de esos espacios de encuentro y construcción conjunta con la ciudadanía, basados en el respeto al otro, sin pretender amoldarlo o anularlo. Comprendemos que hay diferencias, por supuesto, pero vemos en ellas la posibilidad de enriquecer los proyectos para el país, a todos los niveles: nacional, estadal, municipal y parroquial. 
Aprovechamos esos espacios para explicar nuestra propuesta liberal, y nos encontramos que la mayoría quiere lo mismo que nosotros: libertad, propiedad privada, justicia, y prosperidad. No pretendemos colonizar a la ciudadanía organizada, al contrario, les invitamos a opinar, a debatir, e incluso a decidir y construir ideas en conjunto, sin la obligación de hacer parte de nuestro partido.
Esa es la motivación de la pregunta que le da título a este artículo. Teniendo en cuenta los 60 años de aprendizaje en sentido contrario, nuestro planteamiento es, en sí mismo, una innovación en la gestión de la política en Venezuela.
Diseñamos mecanismos de trabajo basados en valores, actitudes, confianza, con un profundo respeto por el conocimiento y el talento del otro, factores que se encuentran normalmente dentro de una comunidad y que facilitan la coordinación y cooperación para que, en el proceso, se obtengan beneficios mutuos. Trabajamos en base a relaciones entre personas y grupos organizados, formales o informales. La cohesión surgida a partir de esas relaciones es el origen de la fuerza motora que genera arraigo y ratifica la confianza en los actores participantes.
Esta cohesión nos permite desarrollar vínculos intersectoriales que facilitan la obtención de visiones más amplias, lo cual tiene un impacto en la eficacia y sostenibilidad de los acuerdos comunes, pues se aprovecha el conocimiento, las destrezas y talento de los que allí participan, y en este caso, la suma es mucho más que las partes. Pero lo más importante, comienza a generarse también un respeto por el actor político que lo propicia, con lo cual ganamos como sociedad. Es un encuentro virtuoso entre los actores sociales y ciudadanos, con los actores políticos, que generan la interface necesaria entre la ciudadanía y el poder público. Este proceso asegura que, por una parte, los proyectos y políticas públicas desarrolladas en conjunto gocen de una mayor sostenibilidad, arraigo y validez, al tiempo que los líderes políticos que los facilitaron obtienen respeto, confianza y legitimidad de su entorno ciudadano más cercano.
Estos procesos que desarrollamos desde la Coordinación de Asociaciones Ciudadanas de Vente Venezuela aportan la legitimidad de todos los saberes e intereses de los participantes, requieren de destrezas para concertar y articular redes, flexibilidad y transparencia en los procesos de trabajo, construyen una visión compartida en torno a un problema específico, propician la cooperación para alinear lo comunitario con lo individual, contribuyen con la construcción de consensos, abren un espacio enorme de oportunidades, facilitan la identificación de problemas específicos de una determinada localidad, y en conjunto, incentivan la creación de ciudadanía tan necesaria para una verdadera transformación del país.
Bajo este modelo, las iniciativas deben entrelazarse, comunicarse, interactuar en función de mejorar su alcance y su impacto, y de este proceso surge la construcción de la verdadera apropiación de la innovación política como concepto intrínseco de gestión y de interacción entre el partido político y la ciudadanía organizada. Y como desde Vente estamos planteando un país federal, esta metodología aumenta las capacidades regionales y locales porque les da mayor visibilidad y protagonismo.
Por eso, y apoyados en el gran capital humano y político que hemos venido construyendo como red de Asociaciones Ciudadanas, el año próximo llevaremos nuestra estrategia a todos los rincones del país. Donde haya un colegio ciudadano constituido, iremos. A explicar, a escuchar, a vincular. A generar confianza, arraigo y certeza. Sabemos lo que tenemos que hacer, nos hemos estado preparando para ello.
El año 2021 será el de la consolidación de esos espacios de vinculación con la ciudadanía que garantizarán que nuestra propuesta para una Venezuela de oportunidades, innovación, emprendimiento, vanguardia y prosperidad, que llamamos Venezuela Tierra de Gracia llegue para arraigarse para siempre en nuestro país. Tenemos el conocimiento, tenemos el talento, tenemos la red y vamos por más, pero sobre todo, lo más importante, estamos decididos a hacerlo, y no nos detendremos hasta lograrlo!!
Nuestro compromiso es hacer la diferencia, y no hay más tiempo que perder.

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